Hace más de una década, la UNESCO comenzó a señalar con claridad que el sistema educativo requería una transformación profunda. No se trataba de un ajuste de contenidos ni de incorporar nuevas tecnologías al aula, sino de repensar desde sus fundamentos el para qué y el cómo de la educación en el mundo contemporáneo.
Uno de los ejes centrales de esa transformación tiene que ver con el contenido curricular. Al respecto, la organización ha sido directa:
“El contenido curricular puede jugar un papel crucial en desafiar o criticar las normas establecidas y liberar mentes, pero también puede servir para legitimar y reforzar un orden social y político injusto, estrechando mentes y avivando el resentimiento y el odio.”
Esta tensión —entre un currículo que libera y uno que constriñe— está en el centro del debate educativo actual. Y es también la razón por la que la UNESCO ha impulsado iniciativas para incorporar la inteligencia artificial como herramienta pedagógica: no para reemplazar a los docentes, sino para permitir que el proceso de aprendizaje se base más en la búsqueda activa de conocimiento por parte del alumno, guiada por sus propios intereses y necesidades, en lugar de la transmisión pasiva de contenidos predefinidos.
Ya en 2015, la UNESCO había documentado con precisión la magnitud del cambio en curso:
“El panorama que presenta la educación en el mundo está experimentando una transformación radical por lo que respecta a los métodos, el contenido y los espacios de aprendizaje. Esta transformación afecta tanto a la escolaridad como a la educación superior. El incremento de la oferta y del acceso a diversas fuentes de conocimiento está ampliando las oportunidades de aprender, que pueden ser menos estructuradas y más innovadoras, y afectan al aula, la pedagogía, la autoridad de los docentes y los procesos del aprendizaje.
A escala, la transformación actual del panorama del aprendizaje se ha equiparado a la transición histórica del modelo tradicional preindustrial de educación al modelo de fábrica industrial que se inició en el siglo XIX. Según el modelo preindustrial tradicional, la mayor parte de lo que las personas aprendían procedía de las actividades propias de su vida y su trabajo cotidianos.
El modelo de educación masiva fruto de la revolución industrial, por el contrario, equiparó casi exclusivamente el aprendizaje con la asistencia a la escuela. Este modelo de escolaridad, además, sigue asociando el aprendizaje fundamentalmente con la enseñanza en el aula, cuando de hecho una buena parte de él (incluso en entornos educativos tradicionales) se produce en el hogar y en otros lugares. No obstante, el espacio físico delimitado por el aula como lugar principal donde se produce el aprendizaje sigue siendo una característica central de los sistemas de educación formal en todos los niveles del aprendizaje.”
Lo que la organización describe es un cambio de paradigma comparable, en magnitud, al que representó la Revolución Industrial en el siglo XIX. En aquella época, el modelo educativo pasó de ser predominantemente informal y ligado a la vida cotidiana a convertirse en un sistema masivo de escolarización en aulas. Hoy, ese ciclo parece estar cerrándose: el aprendizaje vuelve a ocurrir en múltiples espacios, y la escuela, tal como la conocemos, ya no tiene el monopolio del conocimiento.
Sin embargo, la estructura física y pedagógica del aula como espacio central del aprendizaje sigue siendo la norma en casi todos los sistemas educativos del mundo. La brecha entre cómo aprende la gente hoy y cómo está organizada la educación formal es cada vez más evidente.
Lo que los informes de la UNESCO plantean como necesario es un modelo más fluido, donde las instituciones escolares tengan una relación más estrecha con otras formas de aprendizaje —no formal e informal— desde la primera infancia y a lo largo de toda la vida. Un modelo donde el tiempo, el espacio y las relaciones en que ocurre el aprendizaje sean más flexibles, más diversos y más conectados con la realidad de cada estudiante.
La transformación no es una amenaza para la educación: es su condición de posibilidad en el siglo que ya estamos viviendo.